La casa se inundó de un olor a arroz con curry y mi mundo se vino abajo. Me lo imaginaba. De nuevo había alguien en el piso de al lado intentando entrar en la vida de mi vecina. Ella, sí, la chica de la que siempre hablo. Su táctica ya me la he aprendido de memoria. Ya son varios años siguiéndole los pasos y sé perfectamente qué es lo que está a punto de ocurrir cuando ese olor tan específico penetra en mi cocina. No es que sea un cotilla, ni mucho menos, pero hay una fuerza extraña en mi interior que me anima a saber todo sobre ella. Cada uno de sus movimientos.
La prime

Estoy seguro de que a ese arroz le falta algún ingrediente. Debe de estar escaso sal o no le coge el punto a la cocción… algo falla. No puede ser que alguien tan perfecto no consiga su objetivo. Pero, ¿y quién dice que esta vez no dé con la persona adecuada? Es obvio que suplico una y mil veces para que no sea así. No es porque no quiera lo mejor para ella; es porque sigo esperando mi oportunidad. El olor cada vez es más intenso, al igual que mis sentimientos, así que cuanto más lejos esté de ella, mejor. ¿Y si me voy a comer de menú al bar de abajo? Puede que así les vea salir de la mano, o a él solo. Cerraré puertas y ventanas a cal y canto. No quiero volver y que el olor permanezca en casa.
Mierda. Está lloviendo y tengo que quitar la ropa del tendedero antes de que sea demasiado tarde. Lo sé, no puedo evitar levantar la mirada. Su silueta es inconfundible. Deben de ser imaginaciones mías, pero creo que me está mirando. ¿Y este delantal? ¿Qué hace aquí tendido? No lo recuerdo. No es mío. ¿Y esto que sobresale del bolsillo? Es una nota. No es porque sea cotilla, pero la voy a leer. Puede que así llegue a identificar al dueño:
“Hoy creo que me ha salido perfecto. ¿Quieres comer conmigo? Fdo.Tu vecina de enfrente.”
Para El CuentaCuentos