Solté toda la fuerza por la boca. Me declaré. Tú, insignificante ante mis palabras, me dijiste que eso mismo sentías, pero por otra. De repente, un pinchazo eterno en el corazón. Tenía la impresión de que habías cogido mi amor herido y lo habías bañado en sal. Sé que no querías dañar mis sentimientos pero, hasta el día de hoy, ha sido el dolor más fuerte e irritante que he tenido.

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