Le encantaba jugar al primer beso con cada uno de ellos. Todos se sentían únicos a sus pies. Con esa canción les llevaba a la cama con la misma facilidad con la que se deshacía de ellos al día siguiente. No le gustaba cambiar su rutina, pero sí de hombre. Siempre jugaba en su campo de batalla. Nada de habitaciones desconocidas, sábanas de felpa y cabeceros sin personalidad.
martes, 20 de diciembre de 2011
Deseos de seducción
Le encantaba jugar al primer beso con cada uno de ellos. Todos se sentían únicos a sus pies. Con esa canción les llevaba a la cama con la misma facilidad con la que se deshacía de ellos al día siguiente. No le gustaba cambiar su rutina, pero sí de hombre. Siempre jugaba en su campo de batalla. Nada de habitaciones desconocidas, sábanas de felpa y cabeceros sin personalidad.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Locura
martes, 29 de marzo de 2011
Arroz al curry
La prime
ra vez que descubrí esa apetitosa esencia, no pude menos que asomarme al balcón. Su ventana se une con la mía a través de las cuerdas del tendedero. Solo pude apreciar su silueta, pero a él le vi perfectamente. Cocinaba para dos. Debe de ser su plato estrella, porque lo prepara, más o menos, una vez al mes. Hacía mucho que no olía a curry, que no intentaba conquistar a nadie. Hasta hoy.Estoy seguro de que a ese arroz le falta algún ingrediente. Debe de estar escaso sal o no le coge el punto a la cocción… algo falla. No puede ser que alguien tan perfecto no consiga su objetivo. Pero, ¿y quién dice que esta vez no dé con la persona adecuada? Es obvio que suplico una y mil veces para que no sea así. No es porque no quiera lo mejor para ella; es porque sigo esperando mi oportunidad. El olor cada vez es más intenso, al igual que mis sentimientos, así que cuanto más lejos esté de ella, mejor. ¿Y si me voy a comer de menú al bar de abajo? Puede que así les vea salir de la mano, o a él solo. Cerraré puertas y ventanas a cal y canto. No quiero volver y que el olor permanezca en casa.
Mierda. Está lloviendo y tengo que quitar la ropa del tendedero antes de que sea demasiado tarde. Lo sé, no puedo evitar levantar la mirada. Su silueta es inconfundible. Deben de ser imaginaciones mías, pero creo que me está mirando. ¿Y este delantal? ¿Qué hace aquí tendido? No lo recuerdo. No es mío. ¿Y esto que sobresale del bolsillo? Es una nota. No es porque sea cotilla, pero la voy a leer. Puede que así llegue a identificar al dueño:
“Hoy creo que me ha salido perfecto. ¿Quieres comer conmigo? Fdo.Tu vecina de enfrente.”
jueves, 10 de marzo de 2011
Pies enredados

Relato para Minificciones
sábado, 5 de marzo de 2011
Placeres de la vida
Ha sido un placer reír contigo, soñar contigo, dormir contigo, amar contigo, llorar contigo, viajar contigo, construir contigo, esperar contigo, aprender contigo, bromear contigo, sorprenderme contigo, jugar contigo, hablar contigo, crecer contigo, mejorar contigo, desear contigo, avanzar contigo, descansar contigo, desconectar contigo, vivir contigo. Estar contigo. Un placer haberte conocido.En la oscuridad
La oscuridad llega cuando menos te lo esperas. De repente el mundo gira más rápido que tú y no lo puedes controlar. Y das tumbos… ninguno lleva un rumbo coherente. Tropiezas, te levantas y vuelves a tropezar. Gritas pero nadie te oye, solo tu interior. Lloras, pero nadie te consuela… Un hombro a veces no es suficiente. Son los golpes de la vida. Unos duelen más que otros. Te enseñan, te espabilan, te hacen rectificar. Te obligan a seguir el ritmo de la vida. A jugar en el mismo campo que el resto de los mortales. Ni tú eres las más importante ni la más mediocre. Eres una más. Puede que algún día seas la primordial para alguien. En ese momento te darás cuenta de que vuestros movimientos irán acompasados, sin crear desequilibrio. Es muy importante mantener esa balanza para que todo funcione. Y será en ese momento cuando la oscuridad se convierta en luz, los gritos en alegría y los llantos en sonrisas.domingo, 16 de enero de 2011
¿Jugamos?
“Piensa que los coches son las olas, ya verás como te olvidas de todo por un momento”. Recuerdo esas palabras continuamente. Vivir lejos del mar, donde mi casa la componen solo estas cuatro paredes, no es nada fácil. En diez metros cuadrados tengo que poner en orden mi vida. Parece una locura, pero en mi situación somos muchas. Seguro que alguna de ellas acabará siendo una gran amiga.
Miro por la ventana y me encuentro con el más absoluto de los silencios. Es curioso hasta qué punto te puede atrapar la soledad. Una de las autopistas más grandes de la ciudad se ve desde aquí, pero no consigo ver los coches. Cuando era pequeña, me encantaba ver las luces encendidas de las casas e imaginar la vida que había dentro de ellas. Ahora no hay casas, solo coches. Me tengo que conformar con crear historias sobre cada uno de los conductores que atraviesan el asfalto a estas horas de la noche, sin saber que yo les observo desde mi habitación.
Un aviso desde el megáfono anuncia que en 10 minutos se apagarán las luces del pasillo. Se oye un revuelo, pisadas al otro lado de la puerta. Risas, susurros, pero siempre en compañía. Llaves que se encargan de cerrar a cal y canto la intimidad de cada una de nosotras. Permanezco expectante; siempre me ha gustado escuchar cuando estoy sola.
Me aburro. Siento nostalgia. Yo, con lo independiente que he sido siempre… ¿Cómo iba a imaginar que me sentiría así, ahora que soy más libre que nunca? Mañana es mi primer día de clase, pero no quiero dormir. Este sitio huele a cerrado, excepto por el olor a mis sábanas recién puestas. Huelen al suavizante de mamá. Pero ahora están todos muy lejos, demasiado. Echo de menos el sonido de la tele. Me apetece que suene el teléfono de casa y oír a trozos una conversación rota por la discusión del programa que se emite en ese momento. Ah, no… hoy no toca programa de corazón, toca serie. Seguro que ahora mismo están todos en el salón.
No es nada fácil aparentar. Fingir que todo va estupendamente cuando en realidad nada va en ninguna dirección. Es curioso… esta mañana estaba nerviosa, ansiosa, ilusionada. Te lo imaginas todo de color de rosa, pero entonces, cruzas la puerta y te encuentras con millones de caras desconocidas a las que no te atreves a hablar.
Voy en desventaja. La mayor parte de ellas llevan aquí más de dos semanas. Yo voy a ser ‘la nueva’, por lo menos durante unos días. Me dan la llave de mi habitación y me doy cuenta de que soy un número, nada más. Concretamente el 215. Bueno, por lo menos me gusta. El pasillo es muy largo. Demasiado.
Algunas de las habitaciones tienen colgadas las llaves fuera de la puerta, otras permanecen con la puerta abierta esperando a que alguien entre o, simplemente, intentando de ampliar ese espacio tan limitado.
La hora de la cena ha sido espantosa. Ha debido de ser porque no he elegido bien la mesa en la que sentarme. Nadie hablaba. Miraba a mi alrededor y veía a cada grupo de seis personas enfrascado en sus conversaciones. Muchas de ellas trataban del programa que iban a ver esta noche en la tele. La tele, qué gran invento… y lo que la voy a echar de menos.
Aquí tenemos una sala llena de sillas del mismo color, tamaño y separadas entre sí por el mismo espacio. Totalmente fría e impersonal. Pero a partir de las diez de la noche, todo cobra vida. Las estudiantes se pelean por coger un buen sitio y llegar las primeras para elegir el canal de televisión. Les encanta ver concursos y opinar alegremente. En el fondo, ellas también están concursando y les gusta llevar la razón.
Otras se meten en la “cafetería”. Todavía me pregunto porqué la llaman así. Y es que, efectivamente, hay una barra, pero por lo que dicen, nunca ha habido un camarero que te sirva un café. La cafetería es el sitio de los fumadores. El único lugar de la residencia donde se puede fumar. Aquí también se hacen grupos. Sobre todo de novatas por un lado y veteranas por otro. Tópicos marcados que, por lo menos en esta residencia, no van a romperlos este año.
Unos golpecitos en la puerta me hacen volver a la realidad. He estado atrapada en mis pensamientos casi hora y media… Pero, ¿quién será? Y lo más intrigante de todo, ¿qué querrá? Puede que tenga que apagar la luz, y me vengan a dar una llamada de atención. O puede que empiecen hoy con las novatadas. Pero no, por favor, justo hoy no. Además, aunque tengo turno de tarde, mañana quiero madrugar para ir a conocer un poco todo esto.
Casi no me da tiempo a abrir la puerta de la habitación. Me llena de repente un olor a jazmín muy fuerte. Sin darme tiempo a reaccionar, me encuentro a dos chicas dentro de mi habitación. Huelen a aire fresco, la verdad. Son tan delgaditas que se mueven a la velocidad del viento sin problemas. Ni siquiera hemos cruzado una sola palabra pero ya se han sentado en mi cama… espero que no quiten el olor del suavizante de mamá de las sábanas.
Una, de Zaragoza, y la otra, de Toledo. Empiezan con la batería de preguntas… que de dónde vengo, que qué voy a estudiar, que cuántos años tengo, que por qué he llegado tan tarde. No dudo en responder a cada una de ellas, a condición de que ellas también me cuenten un poco sobre su vida.
¡Madre mía! Son ya las cinco de la mañana y las tres seguimos en la habitación. A ninguna nos importa. De hecho, parece que nos conocemos de toda la vida. Me ponen al día de los cotilleos del resto de las compañeras, aunque me cueste identificar a la mayoría de ellas. De repente, se les ocurre jugar a un juego. La chica de Toledo propone: “¿Por qué no jugamos a imaginar que los coches son olas? Imaginemos que estamos de vacaciones en una playa de ensueño”. No me podía creer esas palabras. Creí que no las iba a volver a oír nunca. Ahora sí que presiento que me voy a sentir como en casa.
miércoles, 14 de abril de 2010
Parapluie
La chica del paraguas rojo se repite en mis sueños. Es como si el tatuaje de mi brazo hubiera cobrado vida. Alegre, siempre viene hacia mi saltando los charcos y nunca duda en protegerme de la lluvia. Desde entonces intento dormir más; me gusta verla en movimiento. Hasta hace unos días, no le ponía cara pero hoy la he visto de nuevo. Esta vez, ha cruzado la acera, haciendo parar los coches a su paso, ha lanzado el paraguas al viento y se ha tirado en mis brazos. Aunque, ahora que lo pienso, esta tarde no estaba dormido, estaba completamente despierto. Para ElCuentaCuentos
lunes, 15 de febrero de 2010
[En blanco]
Aunque tú no lo creas, el cartero no tuvo la culpa. No pienses que la perdió, que llegó a otra destinataria ni nada por el estilo. No había nada que decir y por ese motivo no la envié ¿Qué dices cuándo te quedas sin palabras? En un folio no hay silencios eternos porque un papel en blanco siempre se puede adornar de muchas maneras. En una hoja no hay consuelo porque desde el más grande de los vacíos no se siente el calor de la persona que te escribe. Tampoco hay sonrisas ni gestos de complicidad… En una carta solo hay palabras y yo necesitaba no decirte nada. Necesitaba un minuto a solas contigo. Necesitaba una mirada, un acercamiento progresivo, una caricia tentadora, un beso eterno… ¿Tú sabrías escribirlo de tal forma que, cuando terminara de leerlo, quedara completamente satisfecho? Lo siento, pero yo no puedo y, por una vez en mi vida, he preferido el silencio.Para ElCuentaCuentos
lunes, 25 de enero de 2010
Tu otro yo
Tú y yo nos conocemos. Lo sé porque esa mirada me es familiar, ya no está perdida, como lo estaba antes. Lo sé porque el lunar de tu mejilla es igual de simétrico que el de esa foto que nos sacamos cuando todo era perfecto. Lo sé porque tu olor me recuerda a armonía, a felicidad… me recuerda a ti; a aquella persona que fuiste un día y dejaste de ser para convertirte en desorden, tristeza, pesimismo. Lo sé porque desde ese momento dejé de conocerte y hoy, por fin, te vuelvo a reconocer.jueves, 14 de enero de 2010
A media noche
Cerró los ojos para tratar de parecer dormido mientras ella se levantaba de la cama, dispuesta a salir de esa habitación lo antes posible y sin hacer ruido. Cuando sus párpados se juntaron, se dio cuenta de que una lágrima empezó a deslizarse suavemente por su mejilla.Ha vuelto a caer en la trampa. Antes de que las sábanas acabaran revueltas en la cama, ella le prometió amor eterno y juró no desaparecer nunca más, pero lo había hecho de nuevo. Lo único que quedaba de ella era su perfume.
Volvió a abrir los ojos cuando oyó el ruido de la puerta al salir y miró a su izquierda. Nadie. Entonces, no lo dudó ni un instante. Sus párpados se volvieron a cerrar automáticamente, pero esta vez para imaginar que todo había sido un sueño y que, en realidad, al día siguiente, por la mañana, haría café para dos.
domingo, 27 de diciembre de 2009
FELIZ NAVIDAD Y 2010
Lo dicho, FELIZ NAVIDAD y feliz entrada en el 2010!!!! Por un año lleno de relatos, historias, cuentos y mucha... mucha imaginación.

Besazos!!!
miércoles, 16 de diciembre de 2009
¿Qué es, para ti, ser un Cuentacuentos?

Una frase de referencia.
Un cúmulo de palabras que se entremezclan en mi cabeza
formando, en ocasiones, la frase perfecta.
Una ilusión permanente.
Satisfacción al ver acabada tu historieta.
Leer maravillosos cuentos con un nexo en común
Ganas de inventar, deseos de gustar… afán por comentar y, sobre todo, publicar.
lunes, 14 de diciembre de 2009
Deseos infinitos
Es tan misterioso el país de las lágrimas… cuando entras, ya no puedes salir de allí aunque lo intentes. Los mayores viven en él y se olvidan de los demás. Casi no tienen tiempo para sonreír, hay muchas cosas que les preocupan, demasiadas. Por ejemplo, cuando mi mamá llora me quedo mirándola fijamente. Siempre le pregunto qué le pasa pero nunca me contesta, entonces le abrazo para que se tranquilice (como ella hace conmigo), pero nunca lo consigo. Miro cómo sus lágrimas se pasean lentamente por su cara. Siempre intento secárselas para que no caigan y manchen su camiseta o su pantalón, porque sé que a ella no le gusta nada que se ensucie la ropa. Creo que cada una de esas lágrimas son gritos, deseos… Al principio pensé que eran mis notas del colegio lo que le hacían ponerse tan triste, pero muchas veces sus ojos se inundan sin motivo.
¿Qué les pasa a los mayores? ¿Por qué siempre están de mal humor? ¿Por qué se enfadan por todo? Un juguete en el salón, un agujero en el pantalón, un ‘no quiero comer más’, un ‘esto no me gusta’, un ‘¿puedo ir a jugar?’ justo después de comer… Todo es triste. Cuando no hay chillidos, hay tristeza. Y cuando me da una sonrisa, la tengo que aprovechar porque sé que solo durará cinco minutos.
¿Sabes una cosa? Me he dado cuenta de que no quiero crecer. A mí me gusta jugar, reír, salir al parque con mis amigos, ver a papá… incluso me gusta llorar, pero de felicidad. El país de las lágrimas no es nada divertido. Alguna vez he jugado a ser mayor, pero ya me he cansado, es muy aburrido… Alguna vez mamá me ha dicho que le gustaría ser una niña de mi edad, pero ella ya no puede.
Estas Navidades no voy a pedir regalos, solo deseos. Juguetes tengo muchos, pero días en los que veo a mamá sonriendo, no tantos. Querido Papá Nöel, ¿podrías multiplicarlos por infinito?
jueves, 10 de diciembre de 2009
El Tonto del Pueblo
El pueblo entero no tardó más de cinco minutos en enterarse; el tiempo exacto en el que Juan tardaba en recorrerlo. En una aldea de quinientos habitantes en invierno y unos mil en verano, nadie pareció sorprenderse. Ni siquiera la señora Paca, pegada a la ventana de su salón, parecía prestar atención. Ya conocían de sobra las habladurías de Juan o, como ellos lo llamaban, del El Tonto del Pueblo.

Él hacía caso omiso a estos comentarios. Sabía de sobra que no era un superdotado. Se consideraba una persona diferente a los demás, pero no por ello menos listo. Esta mañana, cuando la camioneta del reparto del correo se ha parado en su puerta, él mismo ha sido el primero en asombrarse. No acostumbraba a recibir noticias de nadie. Toda su familia, oriunda de ese mismo pueblecito de Palencia, ya había fallecido. Vivía solo y la única correspondencia que recibía eran algunos pagos pendientes.
Completamente inseguro y dubitativo miró ansiosamente el sobre, como si le fuera a desvelar lo que había en su interior. El remitente, efectivamente, era él mismo: Juan Rodríguez Peña. Lo que El Tonto del Pueblo no sabía era que más allá de su demarcación y de los de su alrededor había muchas personas con su mismo nombre. En la carta no había ninguna dirección, solo un código postal, prácticamente ilegible. Después de analizarlo todo bien y asimilar el sello de CONFIDENCIALIDAD que había en la parte trasera, se decidió a abrirlo.
Estaba escrito con máquina de escribir. En esa época en la que la televisión no existía, eso era signo de riqueza, de alta alcurnia. Después de que sus ojos se deslizaran de un lado al otro del papel, entendió perfectamente el mensaje: Se aproxima el fin del mundo.
Aún no entendía, carta en mano, cómo nadie había sido capaz de reaccionar ante tal noticia. Sin pensárselo dos veces, corrió al único bar de la zona. Atravesó las cortinas que protegían el establecimiento de los mosquitos y el calor y fue directo a la barra. Allí estaba Basilio, el dueño, mirándole con incredulidad y media sonrisa.
- Esta vez va en serio, Básil. Y sino, mira ésto- dijo él, a la defensiva, mostrándole el sobre, a la vez que se bebía de trago el vino.
Expectante, Basilio cogió el sobre y lo abrió. Leyó rápidamente su interior. Juan no lo podía haber escrito. Nadie del pueblo tenía una máquina de escribir, ni siquiera alguien de los alrededores. Por un momento, hubiera deseado que todo hubiera quedado en una broma más de El Tonto del Pueblo, pero no era así. Permaneció en silencio un par de segundos, los suficientes para decidirse a coger el altavoz del almacén.
Hizo el mismo recorrido que Juan había hecho minutos antes, pero ahora sí. La gente poco a poco empezó a salir a calle, siguiendo los pasos del dueño del bar, mientras él sacudía fuertemente la carta. A él no le hacían falta pruebas. La gente confiaba en él con los ojos cerrados. Los años en los que fue alcalde fueron los más felices del pueblo.
Básil dirigió a todos hasta su almacén. Allí les explicó lo sucedido y les leyó la carta de principio a fin. La gente se empezó a alborotar; las mujeres abrazaban con fuerza a sus hijos. ¿Cómo podía ser que en tres días estuvieran todos muertos? Intentaron, durante horas, buscar una solución, sin éxito. Poco a poco, los allí presentes se empezaron a cansar de la situación y se fueron a casa.
Sin darse cuenta, al cabo de diez horas los grupos ya se habían hecho y la rivalidad era inevitable. Todo el mundo quería lo mejor para su familia y seguir vivo dentro después del desastre. Hacían turnos para mantenerse de guardia las 24 horas del día y las envidias empezaban a aflorar. Muchos cavaban sin parar, otros intentaban buscar la mejor idea para sobrevivir.
Cuando ya había pasado día y medio, los nervios pudieron con todo. La batalla comenzó sin previo aviso. Familias contra familias, niños acobardados llorando en un rincón, gritos de guerra, de desesperación, de dolor... golpes y disparos. El panorama era desolador.
Juan estaba completamente aterrado; el fin del mundo había llegado de verdad, pero no el tercer día, sino el segundo. Él tenía tan asumido que iba a desaparecer de la faz de la tierra que no movió un ápice para salir adelante de tal devastadora amenaza.
Cuando el ruido se convirtió en silencio, ya era demasiado tarde. Hizo recuento de horas y puso la radio. Acababa de terminar el tercer día. El fin del mundo no había llegado. Se echó las manos a la cabeza y lloró sin consuelo. Se lamentaba de aquél fatídico día, de haber recibido la carta, de haber pregonado la noticia por doquier. Se lamentaba de haber provocado, sin querer, el fin del mundo, de su mundo.
martes, 1 de diciembre de 2009
Año nuevo, vida nueva
Antes de nada, disculparme por mi ausencia durante este fatídico mes en el que el ánimo no ha estado precisamente en su momento más álgido.
Pero lo peor ya ha pasado, así que fuera penas. Tengo mi fuente de energía recién cargadita y, por fin, tengo Internet en casa (como podéis imaginar, esto también ayudaba a mi ausencia).
Espero daros mucha guerra a partir de ahora y, como no, daros las gracias por seguir ahí.
SIEMPRE, MUCHAS GRACIAS.
SE OS QUIERE,
Emma :D
martes, 3 de noviembre de 2009
Cuatro
Dame cuatro motivos para continuar, no es tan difícil. Solo necesito cuatro razones para no quererte y olvidarte; cuatro excusas que me ayuden a olvidar todo lo que hemos vivido juntos. Han sido muchos años, demasiados, llenos de momentos inolvidables. Días repletos de felicidad, cariño y comprensión. Noches enteras planeando un futuro que no era el mismo que ahora se me plantea. Has roto en mil pedazos mis esquemas, pero, aún sí, soy incapaz de sacarte fallos. No consigo acordarme de los malos momentos que hemos vivido, ¿acaso tú sí? Habíamos descubierto la fórmula del amor eterno, o eso creía yo. Incluso teníamos nuestro propio idioma, un lenguaje que solo tú y yo entendíamos.
Ahora solo te pido una explicación que me ayude a entender porqué tengo que fingir que esto, lo nuestro, lo que diablos fuera que hubiera entre nosotros, no me importa. Ahora, mientras voy embalando mi vida en cajas, recuerdo y añoro aquellos maravillosos años. ¿Qué hago con todas estas cartas, cuadros, fotos, regalos…? ¿Que voy a hacer si hasta el mero hecho de mirarme al espejo me recuerda a ti? No se si te acuerdas, pero éramos una sola persona.
Mientras reúno fuerzas para seguir adelante, recojo los trocitos de mi corazón que todavía quieren quedarse en esta casa. Lo que para ti era una cárcel, para mi era nuestro nidito de amor. No imaginé que esa distancia progresiva entre nosotros fuera definitiva, simplemente pensé que sería una mala racha.
¿Qué he hecho mal? ¿Qué motivos hay para que esto se acabe? Siempre he sido yo la que ha estado ahí, la que esperaba impaciente a que llegaras a casa para tenerte cerca, olerte, acariciarte, besarte... He mantenido la ilusión, la esperanza y la pasión hasta el último día, y lo peor de todo es que a cambio me llevo un gran jarro de agua fría.
Dame motivos para odiarte; pónmelo más fácil, no seas perfecto hasta el final. Tu silencio, por primera vez, no me dice nada. Antes nuestras miradas hablaban… nos encantaba quedarnos sin palabras y sustituirlas por besos interminables. Antes no sabía lo que era el dolor porque lo más cercano a una lágrima era reír hasta llorar.
Antes no existían los motivos, nos movíamos por impulsos... Ahora te estoy pidiendo cuatro razones pero, pensándolo mejor, creo que, aunque me dieras mil más, nunca sería suficiente.
viernes, 30 de octubre de 2009
STOP!
No corras más; no es bueno ir deprisa por la vida. Lo único que vas a conseguir así es llegar antes a la meta y, no sé a ti, pero a mí el premio no me gusta. Párate a pensar, por un momento, en todos los pequeños detalles de los que no estás disfrutando y de los que ni siquiera te has percatado. Siempre has querido crecer muy rápido, pero cada etapa tiene su momento. Algún día te arrepentirás de no haber gozado de mañanas interminables en la cama, de esos cinco minutos más de sueño que todos suplicamos al oír el despertados. Algún día te darás cuenta de que ya no eres joven, que las arrugas de tu cara se mezclan con las marcas de la almohada. Te dolerá ver que el tiempo ha pasado en un suspiro.
Pero, querida amiga, cuando llegue ese momento, quizá sea demasiado tarde y la recta final esté cerca. Y tengo una mala noticia que darte: en este tipo de carreras no hay marcha atrás. Con la vida no se juega.
viernes, 23 de octubre de 2009
Hasta siempre
Querido diario,
Hoy no voy a hacerte ninguna confesión. Hoy no es un día normal. Estas palabras son mis últimas palabras escritas aquí. No quiero que sea una despedida triste, sino todo lo contrario. Tus hojas no acaban aquí, pero mis confidencias, sí. Sé que tengo mucho que vivir y mucho que contar, pero ya te he encontrado sustituto.
Aún recuerdo cuando te abrí por primera vez y rompí el silencio de mi estancia con el sonido de mi bolígrafo en contacto con este papel que, para mi, ya es tan familiar. Recuerdo que al principio no fue nada fácil. Poco a poco, empecé a coger soltura; ya tenía confianza contigo. Nunca pensé que llegaría este momento, la verdad. Una parte de mí esperaba no acabar mis días escribiéndote; temía que ese deseo no se cumpliera nunca y estuviéramos unidos para siempre.
Me has escuchado como nadie lo había hecho hasta ahora. La tinta que adornaba tus páginas, muchas veces se ha desteñido al contacto con mis lágrimas. Mis estados de ánimo están reflejados en mi tipo de letra. Hemos tenido días llenos de confesiones eternas, y otros en los que no había palabras suficientes para describir mis sentimientos. Todas tus hojas están llenas de colorido, ya sabes que no me gusta la monotonía, ni siquiera cuando se trata del color del boli.

Pero bueno, basta de nostalgia. Aquí se cierra un capítulo de mi vida y de este diario. Ahora he encontrado a alguien con quién hablar, que me escucha y confía en mí. Ya no necesito buscarte en el recoveco más recóndito de mi habitación, allá donde nadie llega.
Espero olvidarme de tu escondite y no volver a tenerte en mis manos; y si llega ese momento, que sea un encuentro casual motivado por una mudanza o una limpieza a fondo. Deseo que no nos tengamos que volver a ver. Y si lo hacemos, que sea únicamente para recordar viejos tiempos. Un tiempo que no tiene por qué ser mejor.
¡Hasta siempre!
Para ElCuentaCuentos
jueves, 22 de octubre de 2009
Calle sin salida
Las banderas ondeaban por doquier. Los colores rojo, verde y blanco de la “Ikurriña” eran los predominantes. Allá donde miraba había mensajes en euskera, pancartas con la fotografía de varios, para mí, desconocidos. En definitiva, estaba dentro de todo el meollo sin comerlo ni beberlo. De los gritos y reivindicaciones, se pasó, de repente, a los empujones. Me asomé como pude para ver qué es lo que pasaba. Las protestas provocaron la ira de los vecinos, quienes se dedicaron a tirar todo tipo de artilugios desde sus balcones mientras la gente intentaba esquivarlos como podía.

Se formó tal revuelo que, en menos de cinco minutos, la Ertzaintza estaba acordonando la zona con sus escudos de plástico y pasamontañas. Intenté salir de cualquier forma, esquivando a la gente que se me echaba encima. Las pancartas volaban por los aires. Yo, sola, en mitad de una manifestación… quién me lo iba a haber dicho cuando salí de casa preparada para pasar una tarde de tienda en tienda con la única intención de dejar la tarjeta temblando.
Se movían en todas las direcciones, era una auténtica locura. Desde gente que se enfrentaba a la propia policía, como gente asustada, igual que yo, que quería salir de allí cuanto antes. El cordón humano tenía las salidas bloqueadas. Intenté entrar en alguna tienda de alrededor para refugiarme, pero todas tenían la persiana bajada. Ellos también tenían miedo.
Las pelotas de goma salían disparadas. No tenían destinatario. Si no eras un poco rápido de reflejos, te podía llegar a tocar a ti. Cuando ya estaba a punto de sentirme libre, un ertzaina me coge por el brazo. No me podía mover de allí sin que le diera los datos. Aún no me creo cómo fui capaz de sostenerme en pie. No había forma de que entendiera que yo estaba por error en esa calle. Para él era carne de calabozo. Menos mal que su superior me miró con otros ojos y vio que no estaba mintiendo. Todo se había quedado en un mal recuerdo. Completamente en shock, volví a mi casa sin pronunciar palabra. Aún tengo pesadillas.
Hoy también he paseado por la misma calle. Ya no hay pintadas en las paredes, parece que ha pasado un huracán y se lo ha llevado todo. Hoy brilla el sol en San Sebastián y no puedo hacer otra cosa que darme un largo paseo por La Concha.
Para Foro de Nuncajamás







